Antonio Ríos Rojas

La lectura de un clásico como Lev Tolstoi es la mejor cura para el alma, el mejor sistema de apertura del corazón. Pero también muestra el lado contrario, el abismo que puede abrirse entre los hombres. Los clásicos curan, pero también hieren. Tolstoi puede aportar serenidad y comprensión, pero también capacidad de protesta contra la realidad. Es esa la naturaleza salvaje que habita tras la pluma del más clásico y sereno de todos los escritores rusos.

El autor tiene en cuenta lo escrito hasta ahora sobre Tolstoi y, sin abandonar el cauce cronológico, destaca su pensamiento, su intención y (...)