San Gregorio Magno

San Gregorio Magno es una de las últimas luces esplendorosas de la era propiamente patrística. Nació en Roma en el año 540, en el seno de una ilustre familia de patricios. Renunció a una carrera brillante y convirtió su casa en un monasterio bajo la regla de San Benito. Al cabo de poco tiempo fue elevado a la dignidad cardenalicia, y marchó a Constantinopla como Nuncio Apostólico. En 590 era elegido Papa. En sus catorces años de Pontificado llevó a cabo una extensa y multiforme labor; reorganizó la disciplina eclesiástica y la liturgia, y revisó el canto en las iglesias, llamado por esta causa canto gregoriano. Murió en 604.


 


Fue un hombre de genio práctico, manifestado en sus bien culminadas gestiones diplomáticas y en el gobierno sabio de la Iglesia.


 


Sus obras literarias tienen el carácter de consideraciones espirituales. Se integran en dos grupos: las Homilias y los Diálogos. A su vez, las Homilias se agrupan en tres series: las 22 sobre Ezequiel, las Morales y las 40 sobre pasajes del Evangelio —Homilia in Evangelia—. Los comentarios a las parábolas del señor están tomados de este último libro.


 


El autor se dirige sobre todo a los fieles corrientes, y de vez en cuando, a los sacerdotes. Su doctrina tiene muchos puntos comunes con la de San Agustín, como la idea de que la perfección no excluye del todo las pequeñas faltas, debidas más bien a la limitación humana. En su temática es predominante el amor a Dios y al prójimo, un amor que ha de ser activo, y plasmarse en obras. Otros puntos destacados son: la corrección fraterna, la lucha contra la tentación o la falsa prudencia.