Enseñanza de las Lenguas Clásicas

Lo trae a colación el profesor Lasso de la Vega en la Introducción de este libro - número 22 del TRATADO DE EDUCACION PERSONALIZADA -: decía Goethe que somos "elementos ampliados" de la cultura greco-romana, y que para crear nuestra "novedad mejor", para llegar a ser nosotros mismos y auto-orientarnos en nuestro presente, debemos asumir lúcidamente (…) esa sustancia y nutrimento. Y en otro lugar subraya que la tarea del filólogo clásico se  concreta, entre otras finalidades, en buscar la línea de continuidad entre el espíritu moderno y la concepción de la vida y el pensamiento de un mundo pretérito, pero que sin embargo contiene las raíces del presente. Dos maneras de proclamar la idea que ha impulsado siempre la enseñanza de las lenguas clásicas, la razón de su presencia en los planes educativos que sean ido sucediendo en los siglos.
 
A la vista de las presentes circunstancias, en que "una política educativa predominante pragmatista no deja tiempo ni posibilidades reales para una buena enseñanza de las lenguas clásicas", pudiera parecer que este libro ha nacido y camina contra corriente. Y quizá sea cierta la sospecha.
 
Mas, en todo caso, ocupa su lugar en el Tratado con el convencimiento de que, aparte resoluciones oficiales, debe proclamar a las claras "el ideal al que se debería llegar". Frente a olvidos y cegueras, estas páginas pueden servir de faro orientador que señale y pronuncie, de modo permanente, el único rumbo verdadero. La educación, sin las lenguas clásicas, sin el latín y el griego, es como una planta sin raíces.
Colección
Educación y Pedagogía
Materia
EDUCACIÓN PEDAGOGÍA
Idioma
  • Castellano
EAN
9788432128486
ISBN
978-84-321-2848-6
Páginas
296
Ancho
15 cm
Alto
21 cm
Edición
1

Precio

Edición en papel
16,00 €

Contenidos

Lo trae a colación el profesor Lasso de la Vega en la Introducción de este libro - número 22 del TRATADO DE EDUCACION PERSONALIZADA -: decía Goethe que somos "elementos ampliados" de la cultura greco-romana, y que para crear nuestra "novedad mejor", para llegar a ser nosotros mismos y auto-orientarnos en nuestro presente, debemos asumir lúcidamente (…) esa sustancia y nutrimento. Y en otro lugar subraya que la tarea del filólogo clásico se concreta, entre otras finalidades, en buscar la línea de continuidad entre el espíritu moderno y la concepción de la vida y el pensamiento de un mundo pretérito, pero que sin embargo contiene las raíces del presente. Dos maneras de proclamar la idea que ha impulsado siempre la enseñanza de las lenguas clásicas, la razón de su presencia en los planes educativos que sean ido sucediendo en los siglos.
A la vista de las presentes circunstancias, en que "una política educativa predominante pragmatista no deja tiempo ni posibilidades reales para una buena enseñanza de las lenguas clásicas", pudiera parecer que este libro ha nacido y camina contra corriente. Y quizá sea cierta la sospecha. Mas, en todo caso, ocupa su lugar en el Tratado con el convencimiento de que, aparte resoluciones oficiales, debe proclamar a las claras "el ideal al que se debería llegar". Frente a olvidos y cegueras, estas páginas pueden servir de faro orientador que señale y pronuncie, de modo permanente, el único rumbo verdadero. La educación, sin las lenguas clásicas, sin el latín y el griego, es como una planta sin raíces.
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