«Sin hijos que cuiden la tierra después de nosotros, ninguna ecología tiene sentido»

«Sin hijos que cuiden la tierra después de nosotros, ninguna ecología tiene sentido»

Como muchas francesas, tiene una sonrisa traslúcida y cálida, una voz delicada y unos modales contenidos.

De origen bretón y madre de tres hijos, Aziliz Le Corre-Durget ha dedicado bastante tiempo a investigar por qué los europeos cada vez tenemos menos hijos, y, aparte de diferentes explicaciones, ha encontrado vectores de una cultura posmoderna que no quiere tener hijos, que no deja de ver problemas en la misma idea de concebir un bebé, traerlo a este mundo, criarlo.

Un mundo que se siente amenazado, que ha perdido la alegría matutina y que desconoce en qué consiste un hogar.

–Comienza su libro hablando de las personas que han decidido no tener hijos. ¿Cuáles son los motivos que aducen?

–He identificado tres grandes familias dentro del movimiento antinatalista, bien distintas, aunque a veces se superponen. La primera proviene de la etiqueta GINK, que significa Green Inclination No Kids, más comúnmente llamada «No Kids», que aboga por la restricción voluntaria de los nacimientos en nombre de la lucha contra el cambio climático.

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