Geo-resentidos: cuando las emociones gobiernan el mundo
Durante buena parte del siglo XX aprendimos a interpretar la geopolítica mediante conceptos aparentemente sólidos: territorio, recursos naturales, población, capacidad industrial, poder militar, alianzas y equilibrio nuclear. La Guerra Fría añadió la ideología y durante unas décadas pareció suficiente contemplar el mapamundi dividido entre dos grandes sistemas políticos. Después llegó la globalización y, tras la desaparición de la Unión Soviética, adquirió fuerza la convicción de que la interdependencia económica introduciría una creciente racionalidad en las relaciones internacionales. Los países que comerciaban entre sí tendrían demasiado que perder como para enfrentarse y el capitalismo global parecía destinado a domesticar las viejas pasiones nacionales.
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