La Sabiduría y la realeza antiguas: más allá de Salomón

La Sabiduría y la realeza antiguas: más allá de Salomón

«Cortad al niño vivo en dos partes y dad mitad a una y mitad a la otra». Esta sentencia no necesita explicación ni presentación. Con un mínimo nivel cultural se puede llegar pronto a la conclusión de que la oración citada pertenece al pasaje bíblico denominado tradicionalmente como el «Sabio juicio de Salomón», en 1 Re 3, 25. El rey de Israel, e hijo de David, Salomón es imagen de la sabiduría real, constantemente imitado a lo largo de los siglos en la cultura judeocristiana. Parece que antes de Salomón no hubo nadie más sabio, ni después otro que pudiera llegar a su altura. Este axioma acerca de una figura tan prominente tiene como consecuencia lógica que otros personajes pasen desapercibidos, haciéndonos un tanto miopes al acercarnos a la relación entre realeza y sabiduría, o lo que es lo mismo, realeza sapiencial. Ciertamente la labor atribuida a Salomón no se circunscribió únicamente a este anecdótico hecho: su reinado al completo, por no hablar de los escritos que se le atribuyeron (entre otros Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares y algunos salmos) se considera el zenit del buen gobierno en Israel, sustentado, y he aquí lo interesante, en la Sabiduría Divina, es decir, el don específico procedente de lo Alto y concedido al monarca porque es tal. Esta idea tiene ya un mayor calado, y para quien desee profundizar en ello deberá acudir a quien tiene un conocimiento sólido sobre el tema.

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