¿Es arte o no es arte?
¿Y eso qué? ¿En serio que eso es arte? ¿Quién pagaría por algo así? Al andar entre las galerías y las ferias que se abarrotan año con año durante la Semana del Arte en la CDMX es casi imposible no escuchar por lo menos alguna vez una de estas tres preguntas. También suele haber miradas de incredulidad, burla y hasta menosprecio. Así es la conmoción que el arte contemporáneo provoca con sus instalaciones, sus arte-objetos, performances, intervenciones, esculturas y representaciones pictóricas.
En su libro El arte contemporáneo. Entre el negocio y el lenguaje (Ediciones Rialp), la teórica del arte Angela Vettese menciona que en realidad tratar de definir el arte contemporáneo es complejo, ya que actualmente se cuestiona si se trata de una categoría propia de finales del siglo XX o si se trata de una forma de hacer arte, que en nuestro siglo “está ante nosotros, con una identidad aún por descifrar, y se funda en el nuevo modo de construir relaciones entre personas y culturas”.
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